[RENACER] CAPITULO IV: VIERNES DE RESURRECCI√ďN.

by - s√°bado, agosto 01, 2020





Despertarme fue un acto de amor, de amor propio. Abrí los ojos y aunque mi cuerpo estaba cansado, había decido vivir, había decidido quedarme en este plano, había decido contar mi historia.

Fui volviendo a la realidad poco a poco, no sab√≠a donde estaba, si me hab√≠a quedado atrapado en el sue√Īo eterno donde estaba secuestrado o en aquel hospital que no era hospital. Los doctores me hablaban, me sonre√≠an. Las enfermeras me ve√≠an con cari√Īo, me repet√≠an que hab√≠a vuelto a la vida, que hab√≠a vencido a la muerte.

¿Cu√°l muerte?
¿D√≥nde estoy?
¿Qu√© me pas√≥?
¿Por qu√© estoy aqu√≠?


No s√© si era culpa de los medicamentos, del malestar o de los doce d√≠as viajando; pero en este punto no recordaba exactamente todo lo que hab√≠a ocurrido. ¿Por qu√© estaba en el hospital? ¿Por qu√© no ten√≠a fuerzas? ¿Por qu√© no pod√≠a levantarme? ¿D√≥nde est√°n mis amigos? ¿D√≥nde est√°n mis familiares? ¿D√≥nde est√° mi mam√°?

'¿A qu√© te dedicas?', me pregunt√≥ una enfermera. 'Escritor', le respond√≠. Creo que era la respuesta m√°s sincera que he dado en a√Īos, siempre me bloqueaba y comenzaba a repetir por orden cronol√≥gico cada uno de los t√≠tulos que hab√≠a obtenido, como si eso hiciera falta. En terapia intensiva no importa quien eres, a que te dedicas, que metas ten√≠as o si al d√≠a siguiente ver√≠as al presidente en persona. Todo eso da igual. Aqu√≠ lo que verdaderamente importa es la fuerza que tenga tu alma, lo determinado que est√©s a vivir y que puedas lidiar con los fantasmas de navidades pasadas que vendr√°n a visitarte mientras duermes.










Escritor no era mi palabra, no era lo que me defin√≠a, pero si representaba lo que m√°s amaba. Hab√≠a comenzado a escribir desde que cumpl√≠ siete, unos a√Īos m√°s tarde escrib√≠ mi primer libro, era corto y hablaba de la importancia de so√Īar, de visualizarnos. ¡Vaya iron√≠a! ¡Casi me hab√≠a quedado atrapado en el sue√Īo eterno!


'Cuando salga de aqu√≠ escribir√° de nosotras, me lo prometi√≥', le coment√≥ una enfermera a otra refiri√©ndose a m√≠. ¿Hab√≠a prometido tambi√©n escribir sobre ellas? ¿Cu√°ndo? ¿Cu√°nto tiempo llevo dormido? ¿Cu√°ndo llegu√© aqu√≠? Muchas preguntas, pocas respuestas. Solo recuerdo haberme quedado dormido de nuevo, estaba sentado en la misma playa de antes. Ya la oscuridad se estaba alejando, poco a poco llegaba el amanecer y el fr√≠o part√≠a a otro destino.


Despert√© con el sonido de los aplausos, muchos aplausos, sonrisas, l√°grimas de felicidad. Sinceramente no s√© donde estoy, ni a donde voy. Todos est√°n emocionados por mi salida de terapia intensiva, tan emocionados que parece una fiesta. ¿Ser√° qu√© ya es hora de volver a casa? ¿Me llevar√°n a mi hogar de nuevo? Algo dijo el hombre que me trasladaba o fue culpa de mi mente, pero sent√≠ que estaba en peligro de nuevo. Intent√© levantarme para salir corriendo y escapar de esta prisi√≥n de m√°xima seguridad llamada hospital, pero no ten√≠a fuerzas. ¡Lo olvidaba! La persona encargada de mi traslado se re√≠a y me dec√≠a que me llevar√≠a a un lugar mejor. ¡Yo no quiero ir a otro lugar! ¡Quiero mi casa! ¡Ya no quiero estar aqu√≠!










Bienvenido a la habitaci√≥n 6123, me coment√≥ el hombre que me llevaba de los nervios. Mi cerebro no entend√≠a nada de lo que estaba pasando, as√≠ que asumi√≥ que esto era un servicio social y que me hab√≠a inscrito como voluntario para ayudar en el hospital. Abri√≥ la puerta y me present√≥ a mi compa√Īero: Paco. Asum√≠ que deb√≠a cuidarlo. Paco era un hombre mayor que estaba acostado muy c√≥modo en una cama que quedaba a pocos pasos de la m√≠a, desde lejos se le pod√≠a ver la paz que lo caracterizaba.

Mi mente comenz√≥ a jugarme malas pasadas, borr√≥ cap√≠tulo uno, cap√≠tulo dos, cap√≠tulo tres y solo me dej√≥ con miedo, mucho miedo. Estaba tirado en una cama cl√≠nica inc√≥moda con solo un pedazo de tela que me cubr√≠a y cientos de pensamientos por minutos. Por m√°s que lo intentaba, no recordaba lo m√°s m√≠nimo. Despacio comenc√© a mirar a los lados a ver si reconoc√≠a el lugar, comenc√© a verme el cuerpo y tampoco me reconoc√≠a. Jam√°s hab√≠a llevado las u√Īas tan largas, jam√°s hab√≠a llevado el cabello tan largo, mi piel ten√≠a una pigmentaci√≥n amarillenta, las tiras del ox√≠geno me hab√≠an reventado las orejas, ten√≠a pa√Īal, sonda foley y un cable como Avatar guindado en el cuello. ¿Qu√© hab√≠a pasado? ¿Hab√≠an hecho un experimento conmigo y me dejaron aqu√≠ botado?

Intentaba quedarme dormido pero los nervios no me dejaban, intentaba sacarle conversaci√≥n a Paco y lo √ļnico que hac√≠a era ignorarme. Todas mis preguntas carec√≠an de sentido, lo entiendo. Lleg√≥ el momento de apagar las luces, de dormir y no quer√≠a. ¡No quer√≠a dormir m√°s! ¡No quer√≠a cerrar los ojos de nuevo! Sent√≠a que al cerrarlos vendr√≠a la muerte por m√≠, se instalar√≠a en mi techo y nadie podr√≠a salvarme.








Con el tiempo me rend√≠, decid√≠ no hacer m√°s esfuerzos y termin√© qued√°ndome dormido. En el sue√Īo aparec√≠a mi madre con su traje de enfermera y me paseaba por todo el hospital como si fuese un juego. El miedo se escond√≠a, se iba apartando de m√≠ porque sent√≠a que estaba seguro, sent√≠a que todo estaba bien de nuevo.

Despertaba asustado. ¿Cu√°nto hab√≠a dormido? ¿Una hora? ¿Dos? Ya no pod√≠a preguntarle a Paco, todas las luces estaban apagadas. Lo √ļnico que iluminaba la habitaci√≥n era las luces de la calle Doctor Esquerdo. Para resumirles, la noche fue larga, muy larga. Hay mucha verdad en eso de que si la est√°s pasando bien, el tiempo vuela. Pero cr√©eme, cuando la pasas mal el tiempo va a cuenta gotas.

¿Mi mam√° sabe d√≥nde estoy? Debe estar preocupada llamando a German, a mis roomates, pregunt√°ndole a Samantha. Nadie debe saber que estoy aqu√≠, cuidando a Paco que est√° muy malito. Todo esto lo repet√≠a en mi cabeza. Cosa que no ten√≠a sentido, en realidad Paco estaba cuidando de m√≠ o as√≠ lo siento. Desde peque√Īo hab√≠a tenido una relaci√≥n muy especial con mi abuelo, el padre de mi padrastro, Juan era un se√Īor que se hab√≠a ganado todo mi amor y as√≠ se lo demostr√© mientras estaba vivo. Porque para eso es el amor, para demostrarlo. Mi abuelo hab√≠a partido hace algunos a√Īos, pero sent√≠a que me lo hab√≠an mandado de vuelta a la tierra para cuidarme, para aconsejarme, para calmarme en estos d√≠as tan complicados. Lo hab√≠an mandado en otro cuerpo, con otro nombre, mi abuelo por estos d√≠as se llamar√≠a Paco.




Dentro de los delirios no s√© contabilizar cuantas horas pasaban, solo s√© que le di trabajo a las enfermeras, al punto que me rega√Īaron par de veces porque no quer√≠a usar la mascarilla de ox√≠geno. Hac√≠a mucho ruido, no me dejaba dormir. Adem√°s me hac√≠an doler mis orejas. Entraron varias veces en la noche para volv√©rmela a poner, cada vez me hablaban m√°s fuerte.

Mi cama estaba justo en la ventana, cosa que agradezco, as√≠ me encontraba en primera fila para ver al sol salir. Se hab√≠a acabado la oscuridad, al menos por unas cuantas horas. Recuerdo que aparecieron doctores y me dijeron muchas cosas, no entend√≠a nada. Lo √ļnico que se me qued√≥ grabado en la cabeza era: 'Estamos en Abril, no en Marzo'. Dato que para m√≠ no era relevante. Para m√≠ no exist√≠an d√≠as, meses. No exist√≠an horas. No hab√≠a reloj, ni calendario. Solo ten√≠a que cuidar a Paco, cuidarlo bien, para poder volver a casa.

Volv√≠ a la vida un viernes, un viernes justo antes de comenzar la semana santa, por eso me gusta llamarlo 'viernes de resurrecci√≥n'. Literal hab√≠a resucitado, hab√≠a vuelto del infierno para contar todo lo que hab√≠a visto o bueno, todo lo que me dejaban contar. Cuando despert√© el s√°bado, con lo poco que pude descansar la noche anterior, los delirios estaban a la orden del d√≠a. Las enfermeras me repet√≠an que no me deb√≠a levantar, a√ļn as√≠ lo intentaba. Las enfermeras me repet√≠an que no me tocara la v√≠a central, a√ļn as√≠ me la intentaba quitar. Las enfermeras me repet√≠an que no deb√≠a intentar quitarme la sonda foley, a√ļn as√≠ lo hice.

No podía comer, no podía caminar, no podía valerme por mí mismo. Así se me volvió realidad una de mis peores pesadillas, esa de no querer depender, esa de no llegar a viejo para que nada de esto pasara. Pasa, no necesitas tener cierta edad. Las enfermeras pese a mi mal comportamiento, hablaban mucho conmigo para explicarme que esto no era el fin, no me quedaría postrado en una cama, esto era pasajero. Yo solo volteaba la cara, sabía que me estaban mintiendo, lo había visto antes en películas, de esta cama no me levantaba nadie.

Los delirios se hacían cada vez más fuertes, veía a mi mamá entrar vestida de enfermera para atenderme. Veía a German llegando a buscarme a la habitación. De hecho, llegué a ver a la Princesa Leonor de Borbón comandar aviones de guerra. Todo esto desde mi ventana.




Llegu√© a pensar que todo lo que me hab√≠a dicho la muerte era real. Estaba solo en la habitaci√≥n porque todos se hab√≠an olvidado de m√≠, sino es as√≠, ¿Por qu√© no los veo aqu√≠? ¿Por qu√© no me visitan? Esto me quebraba, me hac√≠a llorar desesperadamente sin tener respuesta alguna. Paco al fondo me comenzaba a contar cualquier historia, me hablaba de la Espa√Īa donde hab√≠a crecido, de su trabajo remodelando casas. Yo le hablaba de mi pa√≠s, de Venezuela, de nuestros platos t√≠picos y de la belleza de sus paisajes.

Paco llegó a calmarme muchas veces, comenzábamos hablando de aquella vez que ingresó el hospital cuando era joven y terminábamos conversando de como el virus nos jodió a los dos. Mi mente divagaba, a veces estaba muy claro de lo que pasaba y otras no tanto.

Esta segunda noche en el paraíso me tocó dormir amarrado, intenté quitarme la vía central y la sonda foley, intenté levantarme para irme porque me sentía de nuevo en ese hospital que no era hospital. Me ataron a la cama, como a los locos, así me di cuenta de que no es tan agradable como parece. Entendí porque cuando esto sucede, vemos a la persona desesperarse y moverse a los lados. Eso hice, moverme de un lado a otro para poder soltarme y escapar. Lo intenté, muchas veces. Paco me repetía que me quedara tranquilo, que eso era lo mejor que podía hacer. Yo le respondía que me ayudara, que tenía que irme a mi casa. Rompí con los dientes aquello que me ataba una mano, luego me pude liberar de la otra. Fingí que no había pasado nada, lo había visto en las películas, tenía en mi cabeza el plan perfecto para escaparme.

No me conoc√≠a el hospital, no conoc√≠a la puerta que me llevar√≠a m√°s r√°pido a la calle, pero mi plan consist√≠a en salir corriendo cuando tocara la hora de comer. Correr y correr, ir como un jugador de f√ļtbol americano esquivando a cada seguridad, cada doctor, cada enfermera que intentara detenerme. Salir al fin por esa puerta enorme y ver a toda mi familia celebrar mi touchdown. Imaginarlos aplaudiendo, recibi√©ndome con flores, trofeos y sonrisas, me llenaba el alma. Quer√≠a verlos, abrazarlos, hacer chistes con mi t√≠a, darle besos a mi abuela, quer√≠a tenerlos cerca, as√≠ fuese en mi imaginaci√≥n.

Para resumirles, mi plan no funcion√≥. No ten√≠a fuerzas para levantarme, menos para salir corriendo. Solo me gan√© un rega√Īo y me cambiaron lo que me ataba a la cama por algo m√°s firme, algo de lo que no me pod√≠a escapar. Igual lo logr√©, con el paso de las horas.






La soledad ven√≠a a visitarme todas las madrugadas, entraba a pasar revista y se sentaba a leerme un cuento. En esta ocasi√≥n fue diferente, me ley√≥ algunos versos de cap√≠tulo uno, dos y tres. Mi mente se fue aclarando, fui recordando donde estaba. Esta no era mi ropa, ¿d√≥nde estaba mi iPhone? Si lo consegu√≠a pod√≠a comunicarme con mi familia y dejar√≠an de estar preocupados, sabr√≠an por fin donde me encontraba. Intent√© levantarme, puse mis dos pies en el suelo fr√≠o de la habitaci√≥n pero me temblaban las piernas. No consegu√≠a mantenerme en pie, solo ten√≠a que dar dos pasos para llegar a la taquilla donde sab√≠a que hab√≠an guardado una bolsa horas antes. Capaz ah√≠ estaba mi ropa, mis zapatos, mi iPhone. Capaz si encontraba esa bolsa, pod√≠an venir a rescatarme de este encierro. Di un paso, luego otro, estaba frente la taquilla que justo ten√≠a una llave para abrirla. Tir√© una, dos, tres veces. No contaba con fuerza para abrirla, no contaba con fuerzas para estar de pie. Paco se despert√≥ y me aconsej√≥ acostarme. 'Chaval, deber√≠as acostarte. Si te llegas a caer, todo ser√° peor', me dijo. Ten√≠a raz√≥n, si llegaba a caerme todo empeorar√≠a. Lo mejor que pod√≠a hacer era acostarme.

Volv√≠ a la cama con ganas de llorar. ¿C√≥mo no ten√≠a fuerzas para levantarme? ¿C√≥mo no pod√≠a ni abrir una taquilla? ¿Me quedar√≠a as√≠ para siempre? Recordaba mis lecciones de boxeo, lo mucho que amo caminar, trotar, salir al aire libre y pasar horas pensando, mientras disfruto del atardecer. ¿No volver√≠a hacerlo? ¿No iba a tener fuerzas para levantarme de esta cama? Yo hab√≠a vuelto del infierno, hab√≠a pasado doce d√≠as sumergido en las tinieblas, ¿Para volver as√≠? ¿Por pedazos? No es justo. Si era as√≠, ¿Para qu√© volv√≠? No pod√≠a ni sostenerme en pie.

Sin darme cuenta me volv√≠ a quedar dormido, despert√© con la voz de una enfermera que me tra√≠a el desayuno. Le ped√≠ el favor de abrirme la taquilla y que me pasara las cosas que estaban ah√≠. Ella amablemente accedi√≥. Me coloc√≥ en la cama una bolsa gigante con el logo del hospital. Comenc√© abrirla desesperado, me sent√≠a en navidad cuando llegaba lo que le hab√≠a pedido a Santa. Romp√≠ la bolsa de la emoci√≥n, su contenido era lo √ļnico que me ataba a mi vida, al exterior. Lo primero que vi fue un bomber jacket verde, mi favorita. Unos zapatos blancos, otras prendas de vestir y mi tel√©fono. ¡Al fin podr√≠a comunicarme con mi familia!








Logr√© encenderlo, no ten√≠a bater√≠a as√≠ que me toc√≥ esperar par de minutos, no recordaba contrase√Īas, ni nada. De tanto pensar, fui colocando n√ļmeros hasta que termin√≥ de encender. Me hac√≠a falta un c√≥digo, sin este no pod√≠a acceder a Internet. Le ped√≠ el favor a Paco, necesitaba que me regalara una llamada para comunicarme con alguno de mis amigos y as√≠ poder desbloquear la funci√≥n. Mi primera llamada al exterior fue con German, b√°sicamente le dije: 'Me podr√≠as enviar el c√≥digo que esta en mi mesa de noche'. Y √©l no pod√≠a creer que estaba hablando conmigo. A todas estas no recordaba con claridad lo que hab√≠a pasado, tampoco sab√≠a nada de los doce d√≠as, mi mente ten√≠a pocos recuerdos de todo lo ocurrido.

German festejó, me felicitó por sobrevivir a este terrible virus. Solo le agradecí entusiasmado y le recordé que necesitaba el código para tener acceso completo a mi teléfono. Hablamos, hablamos mucho, hablamos sobre los días que me ausenté, de lo preocupado que estaba por mi mamá, me dijo que medio mundo estaba preocupado por mí, que hicieron cadenas de oraciones, que hicieron dibujos enviándome la mejor energía posible. Lloramos, nos reímos y le agradecí por siempre estar ahí. Al terminar la conversación, me dictó el código y volví a la vida, digitalmente hablando.

No puedo explicar lo que sent√≠ al hablar con mi mam√°, la necesitaba tanto que lo √ļnico que hicimos fue llorar y luego, poco a poco, me fue contando su versi√≥n de los hechos. Mi mam√° sab√≠a que no pod√≠a saturarme con palabras, as√≠ que hablamos de que ya comenzaba la Semana Santa, de lo ca√≥tico que se volvi√≥ el mundo mientras dorm√≠a y de lo valiente que era al vencer la muerte. Todo lo que hab√≠a ocurrido no era sencillo para ella, su hijo se estaba muriendo y nos separaba un oc√©ano enorme. Mi mam√° se aprendi√≥ la cifra en millas, me la repet√≠a cada vez que pod√≠a. Pod√≠amos estar separados, estar en pa√≠ses distintos pero mi madre siempre estuvo ah√≠, a mi lado, siempre la sent√≠ protegi√©ndome.

En un par de horas todo el mundo se enter√≥ que estaba de vuelta, habl√© con mis amigos, las personas que considero mi familia en Espa√Īa, mi familia en Venezuela. Todos estaban felices porque hab√≠a vuelto. Lloramos, nos re√≠mos, los sent√≠ celebrando aunque no pod√≠a ni abrazarlos. Para m√≠, eso fue una de las cosas m√°s dif√≠ciles, sentirme solo. Ten√≠a a medio mundo orando por m√≠, realizando dibujos, mentaliz√°ndome, pero el fr√≠o de la habitaci√≥n y aquella ventana con vista a Madrid, me recordaba que lo √ļnico que me acompa√Īaba en este momento era la soledad y un rosario que me hab√≠a regalado mi madre antes de montarme en aquel avi√≥n.







Me aferr√© a orar, lo hab√≠a aprendido de peque√Īo. Desde el rosario, hasta las m√°s simples. Mi abuela se hab√≠a encargado de eso, cuando me quedaba a dormir en su casa me buscaba un rosario peque√Īo y me ense√Īaba. Lo m√°s hermoso que me pudo explicar es que no se reza con palabras, se reza con el coraz√≥n. Es una conversaci√≥n que tenemos uno a uno con Dios y as√≠ lo sent√≠a. Todas las noches me dorm√≠a agradeci√©ndole por no abandonarme, por estar a m√≠ lado. Le ped√≠a que protegiera a cada uno de mis familiares, no quer√≠a que pasaran por lo mismo. Esto se lo ped√≠a una y otra vez, era muy importante para m√≠.

Todas las ma√Īanas eran lo mismo, me despertaba escuchando 'Vas A Quedarte' justo cuando Venezuela dorm√≠a y Espa√Īa estaba en confinamiento. No les voy a mentir, lloraba, lloraba much√≠simo. Me hac√≠a preguntas tontas como: ¿Por qu√© a m√≠? Digo tontas porque para esas preguntas no existen respuestas. Era un cap√≠tulo de mi vida donde deb√≠a aprender muchas cosas que en este punto no ten√≠a ni idea. Era un cap√≠tulo donde me preparaba para adentrarme en la introspecci√≥n, me estaba preparando para pasar un mes aislado de mi vida, un mes donde me conocer√≠a m√°s a fondo.

Todas las noches eran lo mismo, me sent√≠a arropado por la soledad. Cuando se apagaban todas las luces del hospital y solo me alumbraban las luces de la calle, me quedaba viendo el techo con la certeza de que estaba a salvo. Poco a poco, dej√© de temerle a la muerte. Me aferr√© m√°s a la fe, a mis creencias, a levantarme de esa cama m√°s que a cualquier cosa. Me aferr√© a mis ganas de vivir, de seguir, a mis sue√Īos. 





Uno de esos d√≠as eternos me informaron que ya era hora de quitarme la v√≠a central y la sonda. La primera me daba mucho miedo porque eran como cables de Avatar que me colgaban en el cuello. '¿Me quedar√°n marcas?', preguntaba. Como si lo est√©tico importara en este punto de la historia. Roberto, el enfermero m√°s noble que he conocido, me explicaba que capaz unas muy peque√Īas pero que con el tiempo se me ir√≠an quitando. Roberto me ten√≠a paciencia, mucha paciencia. Siempre me explicaba todo con mucho respeto, pero sobretodo mucho cari√Īo. No sent√≠ nada cuando me la quitaron, con la sonda foley fue lo contrario pero esa era mi paga por intentar quit√°rmela par de veces.

Con el paso del tiempo fui mejorando. La vida se encarga de escribir m√©taforas perfectas, as√≠ que como hab√≠a vuelto a nacer me tocaba aprender todo desde cero. Las enfermeras cumplieron su rol de madres, me ense√Īaron a comer de nuevo, me ense√Īaron a caminar de nuevo, me ense√Īaron a ir al ba√Īo de nuevo, e incluso a ba√Īarme sin estar de pie. Cada vez que un avance ocurr√≠a me sent√≠a agradecido por mi cuerpo, por la fuerza que ten√≠a, por no aceptar un 'no' como respuesta. Comenc√© a valorar todo, incluso desde actos tan sencillos como respirar. Me di cuenta que con esfuerzo y dedicaci√≥n, no me quedar√≠a postrado en la cama. Me di cuenta que las enfermeras me hab√≠an dicho la verdad desde el d√≠a uno, poco a poco ir√≠a recuperando mi vida.

Luego de cuidarme, aconsejarme, compartir habitación y hasta almorzar juntos, llegó la hora de despedirme de Paco. Partió a su casa para recuperarse, junto a su mujer y su hija. Me despedí con mucha felicidad pero también con melancolía, este capítulo de mi vida sin su sabiduría hubiese sido terrible. Gracias, Paco. Gracias totales.






Pas√© varios d√≠a solo en la habitaci√≥n 6123, me acompa√Īaba el tratamiento que me colocaban cada doce horas porque como el drama nunca se acaba, una bacteria se hab√≠a alojado en mi cuerpo y para volver a casa deb√≠a deshacerme de ella. Los d√≠as en el hospital se volvieron eternos como el invierno. Ten√≠a contacto con mi familia y amigos, pero ya quer√≠a volver. Quer√≠a mi cama, mi cuarto, mi vida, mi voz. Quer√≠a todo como lo hab√≠a dejado, aunque nada de eso ser√≠a posible a corto plazo.

Uno de esos d√≠as donde la soledad era mi cuidadora, entr√≥ a mi habitaci√≥n una enfermera que no conoc√≠a, me salud√≥ y me pregunt√≥: '¿Aprendiste la lecci√≥n?' Qued√© pasmado, no sab√≠a que responderle, no sab√≠a a que se refer√≠a. ¿Deb√≠a aprender una lecci√≥n? ¿Hab√≠a hecho algo mal? ¿Me merec√≠a lo que me estaba pasando? Sent√≠ por un momento que todo esto lo hab√≠a provocado yo, ¿Y si hubiese usado la mascarilla? ¿Y si no hubiese ido a ese concierto? ¿Tan malo soy? ¿Merec√≠a haber vivido todo esto? ¿Merec√≠a haber bajado al infierno? No, llegu√© a la conclusi√≥n que lo √ļnico que merec√≠a era vivir, sonre√≠r, ser feliz y amar. Entend√≠ que no es mi culpa, no es culpa de nadie. La vida tiene diferentes maneras de ense√Īarte la lecci√≥n y as√≠ me hab√≠a tocado a m√≠. 

Desde peque√Īo arm√© la teor√≠a de que unos nacen para ejemplo y otros para observar ese ejemplo. Si aprendes por la segunda, puede que no te toque vivir lo que al primero. Si ves a uno caer e intentas no pasar por el mismo lugar, aprendiste la lecci√≥n. Si ves a uno caer y lo intentas porque eres valiente, lo m√°s probable que es te caigas y hasta peor. As√≠ veo todo esto, como un ejemplo para que las personas que est√°n a mi alrededor se cuiden y valoren m√°s las cosas simples de la vida.

Esos d√≠as buscaba la forma de escribir, de agradecerle al Hospital General Universitario Gregorio Mara√Ī√≥n por toda la atenci√≥n, a Roberto aquel enfermero que nunca me abandon√≥, quer√≠a escribirles una carta, darle premios. Ellos merec√≠an todo, me hab√≠an salvado la vida. As√≠ que como no ten√≠a fuerzas para plasmar aquello en papel, comenc√© a agradecerles cada vez que entraban a mi habitaci√≥n. As√≠ nos qued√°bamos un rato hablando de la vida, de la pandemia, de como cada paciente era un mundo y de lo agradecido que me sent√≠a. Les comentaba que realmente los libros los ten√≠an que escribir ellos, no nosotros. Ellos dejaron el miedo en casa, se armaron de valor y enfrentaron toda esta pesadilla con la cara arriba. Merec√≠an m√°s que aplausos, merec√≠an estatuas y todos los honores posibles. Siempre que les dec√≠a eso, se re√≠an y me agradec√≠an por levantarles el √°nimo. Yo les ped√≠a perd√≥n por mi comportamiento los primeros d√≠as, les explicaba que estaba fuera de s√≠ y ellos solo se re√≠an.






Cuando aprend√≠ a caminar, a comer solo y ya pod√≠a ir al ba√Īo, me cambiaron de habitaci√≥n. Me bajaron al piso tres, no recuerdo el n√ļmero pero s√≠ recuerdo lo asustado que estaba. No quer√≠a un compa√Īero odioso, no quer√≠a un compa√Īero que roncara y menos que le subiera todo el volumen al televisor. Entr√© por la puerta de la habitaci√≥n y solo escuch√© entusiasmado: '¡Bienvenido, compa√Īero!', en la voz de Francisco, mi nuevo acompa√Īante.

Francisco era un hombre s√ļper agradable, le encantaba contarme de su vida y dormir. No pod√≠a levantarse mucho de la cama, as√≠ que siempre le recordaba que me llamara si necesitaba algo. Francisco fue mi segundo abuelo en el hospital, me aconsej√≥ sobre la vida, sobre mis relaciones, me habl√≥ de su familia y como hab√≠a logrado tantos a√Īos de matrimonio con su mujer. Lo mejor que me pudo decir fue esto:


"En una relaci√≥n no se compite. Est√°n para ser equipo, no para que cada quien vaya por su lado. Deben tener mucho respeto. Nunca se alcen la mano, si se aman siempre se respetar√°n. Acomp√°√Īense, tanto en los d√≠as buenos como en los d√≠as malo, para eso est√°n. Y compartan, si tienes dos caramelos no son todos para ti, uno para cada uno. √Āmense, todos los d√≠as."


De mi estancia en el hospital aprend√≠ much√≠simas cosas, aprend√≠ a valorar la vida, a respirar de nuevo, a caminar de nuevo, a comer de nuevo. Sab√≠a que el Ostwald que hab√≠a entrado no era el mismo que estaba preparando sus cosas para salir. En el Hospital General Universitario Gregorio Mara√Ī√≥n dej√© todo lo malo que representaba, dej√© un poco de mi terquedad, de ser tan olvidadizo, dej√© la melancol√≠a y mis ganas de vivir en una eterna depresi√≥n. No vale la pena seguir as√≠, si hab√≠a decidido quedarme era porque quer√≠a ir por todo y m√°s.







Promet√≠ en esa habitaci√≥n ser la mejor versi√≥n de m√≠ mismo, promet√≠ ser m√°s determinado, ayudar m√°s a los m√≠os, estar cuando me necesiten, dejar la obsesi√≥n por el trabajo y vivir, vivir como si fuese el √ļltimo d√≠a que me queda.

Prometí estar para mi mamá, mi tía y mi abuela. Prometí abrazarlas apretado cuando las vea, capaz nunca las suelte. Prometí ser más agradecido con todas las personas que estuvieron pendiente de mí, de mi familia, a ellos les debo la fuerza que llevo conmigo, me recargaron de energía cuando sentía que no podía continuar esta batalla.

Prometí ser más sincero, no dejar que nada ni nadie me quite la paz que estoy determinado a conquistar. Prometí ser feliz, sin más.

Me despedí del hospital un 14 de Abril, jamás olvidaré la fecha. Salí por la puerta enorme que había visualizado desde hace días. Al salir me aplaudieron, le agradecí a cada una de las enfermeras, me quitaron la vía y partí a lo que me gusta llamar mi retiro espiritual. Estaba emocionado, pensaba que pronto estaría en casa.


Sr. Ostwald Guill√©n. Le informamos que todav√≠a la prueba da positivo para COVID‑19. Como no puede volver a su casa en esta condiciones, lo trasladaremos al Hotel Ayre Col√≥n donde ser√° atendido hasta que logre el resultado negativo. Esto puede demorar d√≠as, semanas o meses.



Atte. Ostwald Guillén






- El quinto y √ļltimo cap√≠tulo estar√° disponible pronto -








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