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[Escritos] Desde el insilio con amor

[Escritos] Desde el insilio con amor




Luego de dos años te escribo esta carta, querida mía. Aferrado a nuestros recuerdos que me dan esperanza cada mañana, me animan a seguir sonriendo. El camino ha sido complejo y desde el insilio quiero contarte lo que es estar sin ti, pero con patria. 


Todos los días me levanto muy temprano para recoger agua, la colocan solo quince minutos al día como si estuviéramos pagando la condena del calentamiento global. Luego me preparo el desayuno, dos rebanadas de desolación con un poco de melancolía, sin azúcar porque esa desapareció como las reservas de oro. Cuando termino me voy a pie al trabajo, mis pies cansados me piden clemencia pero no tenemos de otra. Me gritan: ¡Vámonos a casa! ¡Igual los tres reales que te pagan no alcanzan! Pero yo los ignoro, como el zar ignora a su pueblo.

Llego a mi trabajo, sonrío y me pongo a lo mío: Escribir cartas de consuelo para madres con el corazón roto. Se ha vuelto un negocio demandante los últimos días, pues la mayoría de las madres están solas. Han despedido a sus hijos en el aeropuerto o en el cementerio.

Cuando termino de trabajar, me seco las lágrimas, recojo mis hojas en blanco y salgo con la esperanza de encontrar pan. Es la misma esperanza que tengo todos los días, esperanza de terminar con esta cadena perpetua. Y mientras voy caminando, me comienzo a preguntar: ¿Qué karma estamos pagando? ¿Qué tanto daño hemos hecho? ¿Cuándo derribarán aquel muro? ¿Y sino sucede? ¿Y si todos morimos en aquel terremoto? ¿Y si esto es el infierno?

Todos nos hacemos las mismas preguntas, unos en la mañana, otros en la tarde, pero todos nos cuestionamos lo mismo: ¿Estoy vivo? Y si estoy vivo, ¿Qué es esto? Porque definitivamente, esto vida no es.

Todos debemos sonreír cuando las cámaras se encienden y repetir como loros domesticados: 'Todo bien. Con salud que es lo más importante'. Ese es nuestro trato, para que a la hora de la visita nadie se de cuenta que estamos sufriendo las de Caín.

No te quiero alarmar, estoy bien. Sabes que cuando escribo, a veces escribo de más.

No te quiero mentir, nadie lo está. Todos tienen miedo, tanto miedo que apenas terminan de trabajar, corren a sus casas porque sale la plaga.

Esto es Silent Hill.
Esto es I Am Legend.
Estos son The Hunger Games.

Escribirte me da las dos rebanadas diarias de esperanza que necesito para la cena, esas que me gusta saborear luego del ataque de pánico de las ocho. 

No puedo contarte más, por ahí vienen los creyentes. Vienen por mí. Ya sabes sino respondo más a tus cartas. Me alegra ponerme en contacto contigo luego de tanto tiempo.

Disfruta, disfruta por mí.
Sueña, sueña por mí.
Come y bebe, hazlo por mí. 

Cada vez que tengas la oportunidad, recuerda que estoy en la celda amarilla. Silbando nuestra canción, aquella que solíamos cantar antes de que llegara la oscuridad. 


Desde el insilio con amor.



Atte. Ostwald Guillén




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