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[Escritos] El día que murió mi padre

[Escritos] El día que murió mi padre



El día que murió mi padre era un día perfecto, no hacía ni tanto calor, ni tanto frío. Y allí estaba yo, arreglándome porque habíamos quedado en vernos justo después de que él saliera del trabajo. Iríamos por hamburguesas, un poco de helado y si tenía suerte, al autocine de El Cafetal. Tenía cinco años, todavía recuerdo el olor de su colonia, el estampado de su pañuelo y la fuerza de sus abrazos.

Parecía un día común y corriente, un día donde mi papá me visitaba y como es de costumbre entre padres divorciados, uno siente que justo ese día lo tratan como un príncipe. No es por menospreciar la crianza de mi mamá pero con mi papá tenía un código diferente, con mi papá hablaba de cosas que mi mamá no entendía porque tenía otra visión de mundo.

Las horas comenzaron a correr, habían pasado más de dos desde que me llamó a decirme que había salido del trabajo y que me recogería en mi casa para llevarme a nuestra tarde de diversión. Pasaron dos, tres, cuatro horas. Yo seguía en la ventana, esperando que llegara para correr a abrazarlo. Luego recuerdo que sonó el teléfono de la casa, atendí emocionado y pidieron hablar con alguien mayor. Atendió mi nana y pegó un grito que recuerdo hasta el día de hoy.


Se habían acabado las hamburguesas y sus monólogos interminables sobre portarme bien.
Se habían acabado los helados y los consejos para entender a las mujeres.
Se habían acabado las películas juntos, se había ido mi mejor amigo.


Y allí me quedé yo, esperándolo en el mismo cuarto, en la misma ventana donde podía ver su carro cuando llegaba, me quedé con la misma ropa solo que con los años se fue tiñendo de negro. Si me preguntas cómo fue su velorio, cómo fue su funeral, no sabría decirte. Mi sicólogo dice que perdí la noción del tiempo, que es normal, en mi mente solo recuerdo como me llamaba a gritos para que bajara a la puerta a abrazarlo y como agarrándole la mano me sentía todopoderoso.

Donde quieras que estés padre, espero puedas leer esto y entender que pese a todo no te guardo rencor. Sigues siendo mi héroe y cada vez que te pienso, vuelvo a ser un niño de cinco años sentado en la ventana esperándote.



Atte. Ostwald Guillén
(AKA El Bastardo)






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