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[Escritos] Solo en mi memoria

[Escritos] Solo en mi memoria




La agarré de las manos, la miré a los ojos y le dije: 'Es hora, debemos seguir nuestra vida'. Me había tomado tres años, dos meses y cinco noches, pronunciar aquellas palabras. Lo había intentado todo, había ido a psicólogos, coaches y brujos, pero todos me daban el mismo tratamiento: La soltarás algún día, sin darte cuenta. La tomarás del brazo y dirás 'Hasta aquí'. Y así fue. Luego de durar más de diez horas a la orilla de aquella playa donde le había propuesto matrimonio, la solté como un niño distraído deja volar su cometa. Entendí que no podía tenerla retenida a mí pese a lo mucho que la quisiera en mi vida. Ella es libre, debía volar a donde pertenecía, no podía estancarla más. Antes, era necesario verla una última vez, escucharle los cuentos, entender que paso noches en vela como yo, noches esperando que la llamara, le escribiera o aquel 'te extraño' que siempre buscaba en su móvil. Era necesario abrazarla, oler su perfume por última vez y entender que aunque su voz suene igual, ya no es la misma, ya no somos los mismos. Yo tenía tres años divagando por el mundo, escribiendo mi primer libro para que ella al leerlo, volviera. Ella tenía tres años jugando a la casa, así como de niños, porque ambos sabíamos que eso no iba para ningún lado. Aunque se llenara de valor todas las mañanas, él no era yo. Y aunque yo me llenara de valor todas las noches tratando de revivirla con mi pluma, esos milagros no existían. Era más el daño que me hacía, que todas la ganancias que me trajo el contrato con la editorial. Despedirme de Lucía fue más difícil que enterrar a mi padre, pero ya era hora. Ella necesitaba dejarme atrás, perdonarme y perdonarse para volver a creer en el amor. Yo necesitaba dejarla ir, en ese mismo instante, en esa playa. Necesitaba volver a ser libre, volver a sonreír, volver a escribir sin esperar nada a cambio, volver a ser ese niño que corría descalzo por aquella playa desierta. Necesitaba encontrarme, dentro de estos tres años me había perdido buscando algo, o mejor dicho, a alguien que ya no existía. Solo en mi memoria.




Atte. Ostwald Guillén



 



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