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[Escritos] Carta a mi abuelo

[Escritos] Carta a mi abuelo




Aún recuerdo el día que te marchaste de este plano como si fuese ayer, recuerdo aquella llamada devastadora, los gritos, la negación, el despertarme con el corazón latiendo a mil por hora y los minutos que duré en la cama pensando que tal vez era una pesadilla, que debía despertar y que estarías sentado en la misma silla, en la misma puerta, en el mismo pueblo. Pero todo eso ya se había esfumado, ya no estabas, ya no despertarías de madrugada para sentarme a ver el amanecer, ya no pasaríamos toda la tarde hablando sobre tus amoríos, sobre los míos y tus travesías a la orilla de la playa. 

Aún recuerdo que ese día la negación me golpeó la cara y me mandó directo a la lona, desperté del knockout horas más tarde pensando que todo había pasado, que todo era mentira. Seguía de incrédulo pensando que estabas vivo, hasta que vi a mi mamá descompuesta en el mueble. Ahogada en tu recuerdo, en todas las veces que le dabas la bendición o nos hacías reír con tu sarcasmo. 

Aún recuerdo cuando me tocó cargar tu féretro, estabas tan pesado que los hombros me dolieron por semanas. No más que el alma, te lo aseguro. Esa todavía duele cada vez que te recuerdo. Estabas tan pesado que sentía que no te querías ir, sentía que no te querías despedir de aquel pueblo que te vio convertirte en niño, hombre, padre y luego en abuelo. Sentía que no te querías despedir de aquellas cuatro paredes, dos plantas y quince escaleras que construiste con tus propias manos. Sentía que no quería despedirme, que no quería llorarte porque todo esto era un mal sueño nada más. 

Aún recuerdo tu entierro, mi negación, la negación de todos. Era imposible admitir que te habías ido, era imposible aceptar que ya no estabas a nuestro lado. Para mí era imposible creer que no escucharía más tus consejos, que no te sentarías más en aquella silla pegada a la ventana donde recordabas tus años en la ciudad. Para mí es todavía imposible creer que no estás allá, en la playa que solía visitar cada verano y donde pasábamos tiempo comiendo helados o hablando de la vida. 

Te extraño todos los días. 
Te admiro por tu valentía. 
Te pienso y mis ojos se nublan. 

Perdóname por no llorarte, es que tenía atragantado el dolor y no supe como soltarlo sino después de mucho tiempo. 




Atte. Ostwald Guillén
(AKA El Bastardo)



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