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[Escritos] El día que Dios creó a la mujer

[Escritos] El día que Dios creó a la mujer




Luego de mucho trabajo, ya cansado, Dios se sentó a lo alto del universo para observar su creación. Habían montañas enormes, flores exóticas, agua en abundancia, todos los frutos que puedas imaginar, aves de colores tropicales, lugares bañados en nieve para disfrutar del invierno eterno, paisajes rodeado de mar para zambullirnos todos los días del año. En resumen, su creación estaba perfecta. Hasta le había dado por crear a una especie que no entendía mucho, un animal que se la pasaba corriendo detrás de los otros sin intención de cazar, solo jugar. Un bicho raro que caminaba en dos patas y cada vez que el creador lo observaba, este estaba como perdido. Caminando sin rumbo fijo, como buscando algo.


Esta situación llamó mucho la atención del supremo. Así que de inmediato, le ordenó a uno de sus ángeles la ardua tarea vigilar a tal criatura. Dios dijo: "Querido ángel, tengo una misión para ti. Estoy muy cansado para entablar una conversación con este ser que anda de deambulando sin cesar por el mundo. Ve, habla con él y mañana domingo me traes un resumen de todo lo que le sucede. Yo iré a descansar". Ese ángel, muy obediente se fue a averiguar que acontecía. 


Pasaron las horas, llegó la oscura noche y también aconteció la mañana. El creador se levantó descansado, luego de mucho trabajo por fin había logrado pegar un ojo. Mientras desayunaba, vio que el ángel al que había ordenado seguir al hombre venía aleteando. Al parecer con malas noticias. "Cuéntame, ¿Qué le sucede a esa rara criatura?" Dijo el creador. "Señor, es un cuento muy largo. Así que en vez de un café, pida dos". Respondió el ángel. 


"Pasé toda la tarde y parte de la noche persiguiendo a ese ser, le quiero decir que aunque usted lo vea fuerte y alto, tiene alma de niño. Juega con todos los animales que se encuentra, los persigue. Si ve un perro, intenta ladrar como él. Si ve a una vaca, le hace caras raras. Y si ve a un gato, puede pasar horas haciéndole cariños. Es una criatura noble pero parece que perdió el norte. No sabe a donde va, que busca. Tan solo camina y camina. Sin rumbo. Eso no es todo, por las noches, cuando decide donde dormir afirma que se siente solo. Tan solo que comienza hablar, de lo que hizo en el día, de sus sueños, de las ganas que tiene de ser como el león o correr como el antílope. A mí parecer y me va a disculpar la opinión pero ese ser está incompleto. No sabe a donde ir, no sabe que comer, tiene poca higiene y habla solo. Usted me dirá." Comentó el obediente ángel. 

Dios prestó mucha atención, a cada palabra de su humilde servidor. Mientras esto ocurría, comenzó a cuestionarse: "¿Un ser incompleto? ¿Cómo es eso posible? Le di fuerza para luchar contra las bestias más feroces, le di inteligencia para resolver las disyuntivas más complejas, le di pasión para que amará con locura, le di fe para que creyera en el amanecer, le di paz para que pudiera descansar por las noches. ¿Qué me faltó?". 

Luego de meditar y meditar, mientras desayunaba huevos benedictinos se le ocurrió bajar él mismo a la tierra para consultarle a su rara especie que le sucedía. Al cabo de unas horas, luego de atender las quejas de Mercurio que estaba en retrogrado, el creador encontró al hombre ladrando en una montaña creyéndose un perro más de la manada. 

"¿Qué haces acá hijo mío? Ladrando con estos perros de montaña" Preguntó Dios. El hombre se quedó perplejo, de inmediato dejó de ladrar en cuatro patas y contestó: "Señor, usted que tanto trabajo tiene ¿Qué hace por acá?". Dios respondió: "Vengo a escucharte, me han dicho que la estás pasando muy mal acá en el mundo terrenal. ¿Te sientes incompleto?".

"Señor, yo no quiero cuestionarle su creación porque tal vez lo máximo que he hecho es una casa de madera con cuatro estacas que se cae cada vez que sopla el viento pero sinceramente estoy algo triste. Intenté dejarle mi queja y de hecho hasta llamé al número que usted dejó para casos de emergencia pero el buzón estaba lleno. No soy ser de andarme quejando, sinceramente disfruto mucho mi estadía acá en la tierra pero me gustaría plantearle como me siento. Desde el día uno que llegué a este plano, todo ha sido muy colorido, los animales en su mayoría juegan conmigo, nos divertimos y algunos hasta me buscan pelea pero no me considero un busca pleitos. Lo complicado comienza cuando observo a las demás especies y me doy cuenta que simplemente estoy solo. Todos tienen a quien admirar, alguien a su lado con quien caminar, que los levante cuando la brisa pegue fuerte, que los escuche y aconseje. Todos tienen quien le de color a su vida, quien le enseñe a ver el vaso medio lleno o simplemente quien los escuche por las noches y se ría de sus chistes malos. Aunque he intentado contarle mis chistes a todo mundo pero nadie los entiende. Quiero alguien a quien amar, respetar, proteger y claramente también me proteja. Yo sé que es mucho pedir pero ¿Puede conseguirme alguna compañera?". Comentó el hombre. 

Al final del monólogo, el creador estaba sin palabras. No entendía que pedía este hombre porque en base lo había hecho a su imagen y semejanza, ¿Qué necesitaba? Tenía los parajes más hermosos, el clima que quisiera, podía vivir en el lugar que más le gustara, probar todos los frutos y aún así tenía exigencias. Pasado un rato, luego de pensar mucho y entender que tal vez el hombre es el ser más complicado de su creación, Dios dijo: "Hagamos un trato, buen hombre. Te daré lo que deseas pero antes tendrás que escucharme. Lo he pensado mucho, no digamos mucho, muchísimo y aunque en principio no entendía tu solicitud, he determinado que tienes razón. Necesitas una pareja a tu lado, alguien que te comprenda y que le de luz a tu mundo. Por esa razón, necesitaré tres cosas. La primera es una costilla, de allí elaboraré a la mujer que mereces en tu vida pero eso no significa que sea de tu propiedad. Ella es libre como el viento, fuerte como el sol por las mañanas, dulce como la miel y majestuosa como la luna. Mi segunda petición será que la escuches, ella te dirá lo que necesita, lo que necesitas en tu vida. Lo dirá sin más, por eso le he dado el don de comunicarse. De no escucharla te irá muy mal, ella tiene una visión de mundo que no te he dado a ti. Veo que contigo cometí muchos errores de principiante así que me encargaré de rectificarlos en esta nueva criatura. Por ultimo, te aconsejo que la ames. Mañana cuando despiertes corta algunas flores y despiértala con un beso. Protéjela del frío, de las bestias feroces y también enséñale a defenderse. Ella no es menos, ella no es más. Ambos se complementan, están hechos para acompañarse no para sofocarse. Si prestas atención a lo que te digo, no andarás deambulando sin rumbo. Ella te dará la dirección que tu barco necesita". 

Feliz el hombre le otorgó su costilla al creador, con un poco de miel, flores salvajes, paciencia, humildad y mucha sabiduría, Dios creó a la mujer. "¡Me lucí!" Afirmó el creador. Con una sonrisa en el rostro el hombre corrió a abrazarla y mientras esto sucedía, el todopoderoso partió a las alturas. En el camino, se encontró al obediente ángel y este de inmediato le preguntó: "Señor, pudo arreglar la situación con aquella criatura que mandó a supervisar". Dios sonrió, afirmó con la cabeza y dijo: "Tenías razón, pequeñín. Era un ser incompleto, al momento de crearlo solo me fije en una paleta de colores pero ya está resuelto. Le acabo de dar sentido a su vida y hasta par de consejos pero necesito un último favor tuyo." El ángel servicial contestó: "¿En qué puedo ayudarle, señor? ¿Qué especie debo vigilar ahora?". El creador se le quedó mirando fijamente y dijo: "Eres uno de los ángeles más obedientes que tengo, de hecho diría que el más colaborador. Esta misión estará a tu altura. Necesito que vigiles de cerca al hombre, esa rara especie con la que venías trabajando pero ya no será para venir a contarme lo que acontece. Estarás con él siempre, acompañándolo y recordándole cada vez que puedas todos los consejos que le di. Ahora que lo pienso, puse mucho esfuerzo en esa nueva compañera. La hice con mucho temple, sentimientos, sueños y no quiero que esa extraña criatura le rompa el corazón. Así que ve, acompáñalo y tranquilo que yo también mandaré a otro ángel para que la acompañe a ella. Es más, tengo un nuevo nombre para tu cargo. Desde hoy te llamarás ángel guardián". 

Así fue, luego de aquella orden el ángel guardián partió a su misión. Cuentan los sabios que al inicio no fue fácil el trato entre la rara especie y la nueva criatura pero con el pasar de los años se fueron entendiendo, se fueron conociendo y amando cada día más. Él entendió que ella es un alma libre y que debía respetarla. Ella con el tiempo entendió, que con la luz que irradiaba podía iluminar ciudades enteras. Hasta el sol de hoy.



FIN



Atte. Ostwald Guillén
(AKA El Bastardo)

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