[Las cartas de Andrea] La más dulce melaza.

by - lunes, marzo 30, 2015






Una copa por cada mañana que me despiertas con un texto. Eres eso que me enciende a distancia, que me prende, que me calienta la sangre hasta quemarme la piel. Eres eso, y mucho más de lo que deberías ser. Cuántos puentes nos siguen uniendo en silencio, en la desdicha de la noche que perturba mi ser.
Eres esa suerte adversa de alguna de mis mañanas, esas que me tumban justo cuando despierto y no te puedo ver. Esas mañanas frías y densas, espesas como esa melaza que nos envuelve en cada sueño. Es justo aquí donde me gustaría parar de escribir, pero decido que quiero que sigas siendo parte de mis sueños.
Hoy volví  a viajar en un bus y, a través de ese gran vidrio que había ante mis ojos, pude ver como todo pasaba fugazmente; los paisajes iban desapareciendo tal cual dispositiva que das click y ya no está. Fue allí que entendí la fragilidad de cada momento, por eso guardo cada recuerdo en mi memoria y una copia en el corazón; de ahí nadie puede sacármelos, por muy borrosos que sean.
Te voy a seguir describiendo, aunque quizás ya hayas escuchado esto, te lo repito para que no se te olvide nunca. Eres esa persona que me arma y me desarma con cada palabra, porque ellas son como una torre que se derrumba sin avisar, dando así el golpe en el punto justo.
Eres ese puñal de arena que me encanta echarme en la espalda, aunque a veces raspe y deje huellas. Eres como el mar; lleno de sorpresas por todos lados, cargado de fuerzas para cuando mis ánimos están al fondo del pozo. Eres como el humo del cigarro de todas mis mañanas, adictivo, pero a su vez dañino…  con un grandioso olor que me hace no querer dejarlo. (Yo te dije que estamos hechos de contradicciones).
Ahora comenzamos con el “somos”, que bien merece su espacio y una gran copa de vino. Merece una, dos, o quizá hasta tres copas, porque somos  esa luz intermitente que nos mantiene alertas cuando nuestro corazón ya no puede más. Somos esa estrella que titila cuando parecemos estar solos, acostados, mirando el cielo desde nuestro cuarto. Somos ese deseo que pedimos cada vez que soplamos una vela, y que tanto esperamos que se cumpla.
Somos una tonelada de emociones que chocan entre tanto desorden, pero una de ellas hace la conexión más linda, y esa es la que usamos en cada desvelo que nos permite seguir soñando. Somos un vaivén de palabras, a veces hacen un gigante eco (como ese que se prolonga hasta que yo decida no escucharlo más), otras veces se esfuman como pájaro escapando de rama en rama en un bosque donde la salida no se ve.
Somos ese olor a café que nos despierta cada mañana. Somos esa ducha que tanto necesitamos luego de un largo día. Somos más de lo que deberíamos ser, y eso es lo que me encanta… que eres  ese sabor a papelón bien dulce, tostado y quemado. Que juntos somos esa melaza y que hoy decido comérmela toda y no compartirla con nadie.


Atte. Andrea Sandoval


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