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[LOS RELATOS DE VALENTINA] Manchas de Alba

[LOS RELATOS DE VALENTINA] Manchas de Alba


Alba se encontraba arrinconada en aquélla esquina dónde los colores le acompañaban, dibujaba: garabatos, sueños y amores. Desde lejos, como cada mañana le observaba, tenía su cabello enmarañado, las manos llenas de pintura y los labios rotos, esos labios que con anhelo curar deseaba.

Una como todas las mañanas corrí al colegio para ver Alba dibujar, estaba deseando decirle que le escribía mil poemas en donde ella era mi luna, mi mar, mi razón y mi único amor.

Cuando llegué con la lengua de corbata, me di cuenta que mi único amor no se encontraba, hablé hasta con las paredes y de ella rastro no quedaba. Alba se había ido y junto con  ella mi razón de vivir.

Ese día no pude comer, dormir ni concentrarme, en la clase solo su nombre en mi cuaderno se escribía, lo que más deseaba era a mi Alba iluminándome las esperanzas.

Extrañaba el gris frío de sus ojos y cómo con sus pinturas se maquillaba, todos le decían mugrosa a la mujer que con sólo suspirar ganas de vivir me daba.

Mi amor por Alba nació aquél día que de pintura y flores se llenó, corría por el patio en círculos y decía que dar vueltas la hacía sentir que escapaba, luego caía al piso y decía que era un golpe con la realidad que le daría espacio para otra curita más.

Al sonar la campana, lágrimas de mis ojos brotaban, salí en busca en mi mugrosa y de ella no quedaba nada.

Me dediqué a recoger los pocos crayones que en esa esquina llena de su perfume quedaban, estando ahí lloré, maldecí y chillé.

¿Dónde estás Alba?
¿Acaso ya no le darás luz a mis mañanas?
¿Quién será mi amanecer?
Alba, regresa y mancha de color esta tristeza.

Me llevé los colores, las puntas, las manchas y pedazos de papel que decoraban el suelo de aquél rincón, me fui caminando a casa, entré a mi cuarto y lloré en silencio, golpeé la pared y vomité. Alba, mi amada ya no estaba.

A la mañana siguiente, ya sucio me levanté, me fui al colegio más triste que nunca, cuando entré y me dirigí a esa esquina, me senté y en la pared, dejé caer mi regazo, me dormí y una voz me despertó, no cualquier voz, era la melodía de sus labios rotos la que me hablaba, la agarré entre mis brazos, le besé como siempre deseé, le toqué cada parte de su cuerpo y le susurré que jamás de mi se alejara. Alba tenía las manos en mi pecho, su cabello olía a pintura y sus labios tenían un sabor inefable.
De repente escuché la alarma, caí de la cama, Alba no estaba conmigo, sus rotos labios no me habían besado, y ni le estaba dando luz a mi mañana. Alba no me había manchado de pintura, pero sí de heridas me había llenado.


Atte. Valentina Mora

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