[Los relatos de Valentina] Nuestra rayuela

by - domingo, agosto 03, 2014




En la plaza de las Rosas las luciérnagas daban luz a nuestra ausencia.

Fuimos el precario doblez de Oliveira y la Maga, nuestro amor era o se había convertido en Rocamadour, enfermo, lleno de dolor, de fiebre y de lástima, éramos sin ser entre cenizas, esas que caen cada día del cigarro que fumas entre las veintitantas, ese con el que lloras y te arrepientes, de ser, de quererme, eres Oliveria, ese mar, ese mar que yo nadaba, ese que entre besos y sabanas de todo se olvidaba, éramos un recuerdo por el que las luciérnagas brillaban, no contábamos estrellas, no íbamos de risa en risa por la acera, no hablábamos de nosotros, pero entre pocas miradas y gestos nos complementábamos, pero éramos, sólo eso.

Por la mañana entre amargas tazas me encontré con un beso bajo la almohada, ese que me dabas en el alba, ese con el mis labios se vestían de esperanza, pero ahora mis labios se encuentran rotos y las sábanas manchadas. Aún escucho el llanto de nuestro adiós, ese que resuena cuando prendo el reproductor. 

Dónde estás a veces me pregunto, estarás con la que sería Pola, esa que le daba a tu iris un magnifico resplandor, estarás bajo la lluvia o estarás aquí sin que yo te sienta, serás ese espíritu que ronda por la recamara, o ese que abre mis ventanas y me llena del vacío aire que respiro.

La cafetera se dañó y se acabaron los tragos amargos, no había ni ilusión ni dolor, yo me había convertido en Rocamadour, me encargaba de fingir mi existencia mientras te pensaba, mientras como Descartes me aconsejaba, me llenaba de dudas pero de eso no dudaba.

Un día entre charcos me fui a la plaza, aquella donde las luciérnagas me esperaban para alumbran el recuerdo de mis lágrimas, luego de ir de cuadra en cuadra una silueta en aquella banca se situaba, estremecida caminé dando pasos rápidos, cuando llegué a la banca me abracé a su espalda, le dije mil te amos y me renacía cual fénix en tus labios, lloraba de alegría y sentía que en esos efímeros segundos en todo me convertía.

De repente de mis ojos las lucierganas alumbraban mi tristeza, entre las sábanas sin ti me hallaba no hubo plaza ni renacer, no hubo más que otro de esos sueños donde Rocamadour dormía mientras que Oliveira y Lucía se amaban.


Atte. Valentina Mora


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