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[Los relatos de Valentina] Nuestra rayuela

[Los relatos de Valentina] Nuestra rayuela



En la plaza de las Rosas las luciérnagas daban luz a nuestra ausencia.

Fuimos el precario doblez de Oliveira y la Maga, nuestro amor era o se había convertido en Rocamadour, enfermo, lleno de dolor, de fiebre y de lástima, éramos sin ser entre cenizas, esas que caen cada día del cigarro que fumas entre las veintitantas, ese con el que lloras y te arrepientes, de ser, de quererme, eres Oliveria, ese mar, ese mar que yo nadaba, ese que entre besos y sabanas de todo se olvidaba, éramos un recuerdo por el que las luciérnagas brillaban, no contábamos estrellas, no íbamos de risa en risa por la acera, no hablábamos de nosotros, pero entre pocas miradas y gestos nos complementábamos, pero éramos, sólo eso.

Por la ma√Īana entre amargas tazas me encontr√© con un beso bajo la almohada, ese que me dabas en el alba, ese con el mis labios se vest√≠an de esperanza, pero ahora mis labios se encuentran rotos y las s√°banas manchadas. A√ļn escucho el llanto de nuestro adi√≥s, ese que resuena cuando prendo el reproductor. 

Dónde estás a veces me pregunto, estarás con la que sería Pola, esa que le daba a tu iris un magnifico resplandor, estarás bajo la lluvia o estarás aquí sin que yo te sienta, serás ese espíritu que ronda por la recamara, o ese que abre mis ventanas y me llena del vacío aire que respiro.

La cafetera se da√Ī√≥ y se acabaron los tragos amargos, no hab√≠a ni ilusi√≥n ni dolor, yo me hab√≠a convertido en Rocamadour, me encargaba de fingir mi existencia mientras te pensaba, mientras como Descartes me aconsejaba, me llenaba de dudas pero de eso no dudaba.

Un día entre charcos me fui a la plaza, aquella donde las luciérnagas me esperaban para alumbran el recuerdo de mis lágrimas, luego de ir de cuadra en cuadra una silueta en aquella banca se situaba, estremecida caminé dando pasos rápidos, cuando llegué a la banca me abracé a su espalda, le dije mil te amos y me renacía cual fénix en tus labios, lloraba de alegría y sentía que en esos efímeros segundos en todo me convertía.

De repente de mis ojos las lucierganas alumbraban mi tristeza, entre las s√°banas sin ti me hallaba no hubo plaza ni renacer, no hubo m√°s que otro de esos sue√Īos donde Rocamadour dorm√≠a mientras que Oliveira y Luc√≠a se amaban.


Atte. Valentina Mora


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