Querida Venezuela.

by - jueves, febrero 13, 2014


Caracas, 13 de Febrero del 2014. 






Hace algunos años, cuando todavía era niño, me gustaba asomarme al balcón de mi casa e idolatrarte. Caracas, una parte de ti, me parecía lo más majestuoso que mis ojos podrían haber visto. ¡Qué conste que conozco otras partes del mundo! Pero la afinidad que tenemos tu y yo, no se compara. Sabes enamorarme con tus amaneceres llenos de caos, esmog y transferencias repletas de gente. Esos amaneceres donde las personas se levantan a luchar por su sueños, para darle de comer a sus niños y así lograr un mejor porvenir. Vivo desvelado para verte despertar, siempre me ha encantado verte dormir. En calma, en silencio. Observándote detalladamente, cada luz encendida, la autopista en solitario. Amo verte soñar. Imaginando un futuro grandioso. Eres una mujer hermosa, muy hermosa. Has sido nombrada Miss Universo un sinfín de veces. Tu cuerpo está lleno de lugares majestuosos, tu sonrisa es una de las más bellas del planeta pero desde hace tiempo te noto cabizbaja, triste, muda, sin mucho que decir. Tus ojos piden a gritos algo, lo admito, no lo entendí desde el inicio y comencé a molestarme contigo. Te echaba la culpa de mis problemas y apenas venía el hampa a robarme la esperanza, solo te condenaba a ti. ¡Gracias a Dios crecí y entendí! No eres la culpable. Eres una mujer con grandes problemas para escoger tus amantes, una mujer maltratada en público pero la mayoría de nosotros nos hacemos la vista gorda. Mejor dicho, nos hacíamos las vista gorda. ¡Ya basta! No puedo permitir que te sigan maltratando. Eres mi madre, la mujer que más amo, mi Venezuela. 

Una vez leí que nuestro país era una mujer muy bella que debíamos educarla, bañarla y enseñarle a valorarse. Sin duda eres así. Lo importante, es que tenemos que valorarte primero nosotros, tus hijos, tus amantes. Comenzar a respetarnos mutuamente, ceder el paso, dar el puesto en el metro, ser sinceros y olvidar de una vez por todas "la viveza eterna". Llegó la hora de demostrarte todo lo que te amo. Hoy, saldré con el mismo ánimo de Bassil y Redman. ¿Por qué? Simple, quiero un mejor futuro. No quiero verme obligado a partir porque me intentaron secuestrar o fui víctima del hampa. Saldré sin miedo, con mis manos blancas y mi morral repleto de esperanza. No importa si se lo llevan, puedo quedarme toda la noche en vela, verte soñar y armarme de valor para el día siguiente. Lo mereces, la sonrisa de mi hermana lo merece, las lágrimas de los familiares de los caídos, también lo merece. 

Gracias Venezuela, por haberme dado una infancia repleta de metras, perinolas y de juegos al aire libre. Eres la mejor madre que cualquiera pudiese tener. Estoy infinitamente agradecido contigo, tus enseñanzas y tus abrazos a través de la brisa. Ahora llegó el momento de defenderte, de luchar por tus sueños, tu sonrisa, tu paz. No te preocupes por mi, el miedo no ronda por aquí. Es simple, cuando se ama de verdad se pierde hasta el miedo a la muerte. 



Atte. Ostwald J. Guillén. 

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